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malruiz411's Blog

…Casi todo se andara.

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Los días en la montaña. Discusión, lamento y hallazgo de un territorio que se va alejando.


20 de mayo de 2025.

Este proyecto narrativo tiene por tema el hablar de un (imaginado) conflicto entre dos facciones en la montaña de los brezos o la masía de Can Serrat: los navegantes y los terrestres. Dos mentalidades y dos maneras diferentes de ser humano y creativo, acaso con eco de los nómadas y los colonizadores, etc. (al fondo un eco inequívoco de los monjes benedictinos en su quehacer).  El contraste entre las maneras diversas de entender y moverse del mapa al territorio y vuelta a empezar. Claro, la semántica adecuada y las divagaciones sobre las mil mesetas de turno, faltaría más. Pero después de ello incluso más simple: diferenciar entre los paisajes que nos “arrastran” y dificultan avanzar, varados en el sufrimiento, la contradicción o la falta de sentido. Y el aprendizaje de esos paisajes del crecimiento, dejándonos caminarlos en los momentos de liberación, crecimiento o trascendencia. Los que van confirmándonos ese hasta ahora imposible nuevo camino.

Claro que también el trasfondo de esta profunda ansiedad que vengamos experimentando con la certidumbre de las amenazas crecientes del Antropoceno cada vez más cumplidas en carne propia. Y que puede llegar a formas del activismo ecologista, exentas del perdón y del olvido, a las alternativas en ciertas formas de la deriva situacionista o a la perfecta “velocidad de fuga” lotófaga en que la mayoría venimos perdiéndonos. La mayoría del tiempo.

Estas son también opciones de los personajes sobre los que escribo, cuando se dignan prestarme sus voces y aparejos.

Para la parte visual y gráfica del proyecto cuento con mi amigo el pintor noruego Espen Harstad. En lo que aspira a ser un diálogo entre la narrativa que iré desarrollando y las pinturas y otras creaciones visuales suyas, el deseado producto final sería un “libro de arte” o álbum gráfico donde lleguemos a combinar las dos expresiones.

Declaración del autor (es)

Lo que sigue son las ideas que surgen luego de que uno se dé cuerda. Aunque está claro que proceden en parte del nuevo continente: el de la desesperación y el abandono tras veinte años emparejado. Y de todo eso y también lo otro, de la renovada experiencia del naufragio amoroso y vital, como del expansivo continente de la vejez. Y del tantísimo restante que nunca dejará de querernos bien en la miseria o en la infinita tristeza. Pero la creatividad no se vende, ni se apaga. Ni se negocia. Y eso es lo que intento hacer. También esto describe muy fidedignamente lo que fuese esto que ilusamente llamo mi proyecto

En realidad, no se habla del conflicto entre mentalidades artísticas ni sus prácticas, sino de lo más arraigado antropológico que llevamos en nuestro DNA.

En el contexto de mi propia narrativa y la novela que uno viene escribiendo, de “perros andaluces que no hablan noruego”. Donde sería un desarrollo de la “Tercera Historia” (o de Avnø, Dinamarca), pero adaptándola al entorno de Montserrat y la masía de Can Serrat.

El elenco de fabulados artistas y secuaces vino a encontrarse varias veces: primero estaban en la Dinamarca de Avnø del año 24, parque natural y reserva ornitológica, luego en la Oslo de los Jardines de Tøyen, cuando la Trienal de Escultura del 2022. Que luego acaso se transmutó en la exposición de “Between Rivers”, del museo A.F. de Oslo, hace cuatro meses. Y que ahora hasta llega a vestirse de colores montañeses pero mediterráneos, en este actual imaginado conflicto de los artistas residentes en Can Serrat. Un diálogo incruento, pero ciertamente enconado, entre dos visiones casi siempre irreconciliables. El ocurrido y ocurrente ahora entre los navegantes y los residentes locales del caserío, por ejemplo, quienes se perciban antes como colonizadores y agricultores. Puesto que su práctica atiende más al enraizamiento y las arboladuras, la infinita paciencia y el despliegue orgulloso del verdor siempre vulnerable. Como en aquella vieja división antropológica entre los cazadores/recolectores y los agrícolas y sedentarios.

Una parte de los artistas allí en Can Serrat piensan que están en un barco, y en medio de una larga navegación. Intentan convencer a los otros de que realmente se hallan en la cubierta de un navío, avanzando por el mar. Ven distintas cosas en aquellos rodeándoles durante la singladura. Y de vez en cuando hay paradas dentro de lo que sea esta navegación sin final, sin por ello perderse aquella definición existencial.

Los otros obviamente están en desacuerdo, y les acusan de estar locos.

– ¿Es que no estáis viendo la montaña de Montserrat? ¿Ni veis a las personas viviendo con vosotros en medio de esta masía, a los lugareños y a los visitantes?

Todo pareciera tan extático, pero igualmente no dejan de crecer continuamente las raíces. Aunque crezcan hacia adentro y hacia arriba. Y sí, claro que los sedentarios siguen desarrollándose, aunque a menudo imperceptibles. A los impacientes a quienes les parecen muertos o detenidos, decirles que ellos van cambiando con los días y las estaciones. Porque otra es su dinámica.

Mientras que difícilmente vamos sabiendo si este paisaje donde nos dibujamos será de nuevo. Es importante aquí, sin embargo, el ponerse a investigar la conciencia compartida por todos ellos, del otro lado de cualquier divisoria. Pudiera ser que un simple desfase temporal sea realmente lo único, al menos lo más importante que les separe. Que se yo.

Viven una realidad en veloz cambio estos artistas, dedicados a una diversidad de disciplinas, poéticas o escriturales, puede que musicales o auditivas. Visuales, pueden ser de artes plásticas, hilados, textiles… ¿qué sé yo? Lo meridiano es la suerte de enfrentamiento que vaya perfilándose a manera de tramazón entre ellos. Si no le ponen remedio.

De cualquier manera, esta viene a ser la metáfora situacional, el esbozo de un proyecto con mucho por desarrollar y escribir, aunque no pueda por ahora explicarse con la necesaria elocuencia. Me veo obligado a entrecortarlo aquí y ahora. Aunque puede que el único entrecortado sea el autor.

Addenda/CV:

Nacido en la ciudad de Sevilla en 1961. Estudié y trabajé en Sevilla y Málaga, incluso en Barcelona, hasta los 30 años. Viví dos años en Inglaterra, en el 1992, trabajando en restaurantes y luego de traductor. Emigrado a Noruega en 1994, donde vivo desde entonces. Tengo el Máster en estudios literarios, lenguas y literatura española y latinoamericana, Universidad de Oslo (2008), y una Licenciatura en Estudios Culturales y Sociales (2004). Profesionalmente he trabajado de limpiador y asistente sociosanitario, pero sobre todo de profesor de español en institutos y escuelas, desde 2007 hasta la fecha. En lo creativo, no he publicado nada, aunque tengo una novela corta registrada (“Una bergensiada feroz. Con saña los persiguieron”, 2017), aparte de una diversidad de relatos, novelas cortas y poemas. En los últimos dos años vengo trabajando en la novela de la cual entresaqué el fragmento enviado. Y en la que se sustenta el actual proyecto. Tengo tres hijos y de estado civil separado.

Aquí se adjunta la grabación.

Audio file

20250517_can-serrat.m4a

Aquí una muestra de mis proyectos de escritura.

Un fragmento de la novela actualmente en curso, 2025, cuyo título provisional es “Los perros andaluces no hablan noruego”.

“…3.

Aunque no siempre sea ese el escenario. Ahora son de nuevo los campos estos de Orgiva, en La Alpujarra granadina, claro, llegando a juntarse 70 nacionalidades entre los 6000 habitantes de la localidad, los numerosos miembros de la comunidad sufí local, por no hablar de la miríada de procedencias de los integrantes de la comuna hippy local. ¿Cuál podía ser el vertiginoso atractivo de aquel enclave atrayendo como limaduras hasta sus anillos tantos destinos diseminados? Pero no podía preguntarse estas cosas, ocupado en otra clase de anillos, los que iba descubriendo en los árboles talados durante sus caminatas por el bosque, arriba y abajo bordeando los barrancos, fresnos y abedules de los que calculaba la edad a veces, cuando no se dejaba simplemente extraviar en aquellos anillados que le recordaban como la serpiente deglute su hechizada presa.

Adentrándose hasta casi llegar a las faldas de Sierra Nevada, caminatas interminables donde se las arreglaba para no extraviarse en tanto zigzagueo por las sierras sin que dejase de recordar obsesionado la mezcolanza de jugos venenosos y letales presiones donde el reptil ondulase su corte. Y entonces su travesía se volvía el dibujo de un pasillo palpitante ante el ojo incapaz de discernirlo, la negación mórbida del aire libre gracias al simple defecto óptico, pero antes moral que lo hechizara. Y vuelve a verla y a verse apoyando ambos las manos en los espinos y atravesando las turbulencias de una infidelidad que ya nunca dejará de perseguirlos. Se empieza a reconocer, sin apenas haber superado los 20 años, como aparcado al borde de la edad pretérita que sabe lo alcanzará, viendo como el momento donde tan amorosa y espasmódicamente nos entrechocamos se ha vuelto otra cosa. Las caminatas interminables con la hembra de pastor alemán que me prestasen en el pueblo antes de volvernos inseparables, sin entregarse a mi caricia ni tampoco rebelarse, hasta que la siento con el pelaje erizado mientras sueña que mis manos van recorriéndole insidiosamente el cuello, esta perra encelada que lamerá su yugo tal como voy recordándote sin poder evitarlo. Las falanges de mis dedos van midiendo las persistencias y huecos del cráneo de este animal que sangra en secreto, y entiendo que no durará mucho tu fuga y los tantos pájaros muertos te devolverán a mí. 

Pero no tengo ninguna prisa, recuerdo haberte curado ya demasiadas hemorragias, la perra entrecierra inevitablemente los párpados, sumida.

Así van pasando los días de Nikias en la montaña o en la baja sierra entre caminatas que a menudo le devuelven a la concentricidad de los propios anillos donde los árboles talados no sean más que el ojo de la serpiente que lo engulla. Las pocas veces que habla con la gente de la casona donde para, en la tienda donde baja por comestibles o con algún lugareño que naturalmente quiera darle al hilo, solamente ve reflejos verbales de lo que el mismo va discurriendo, sus propias opiniones en la boca de sus interlocutores, como si ella tampoco hubiera existido nunca más que gracias a sus palabras, cual sus vecinos ahora en este enclave granadino.

 Ya no quiere o puede que no sepa, cada vez menos, escuchar lo que le cuenten el sol o el viento, porque todo lo que cuenta ahora son las páginas volviéndose en blanco al escribirlas, seguir el silbido de la espita de gas venenoso desde alguna de sus propias cavidades.

Este negar cualquier posible oxigeno de afuera que no deja de ocultarle hasta el menor detalle al que se enfrente su vista en medio de los campos. Tan magullado por las serpientes que no paran de recorrerle el cuenco craneal.”

Samuel Beckett – Watt (1953)

Trabajando sobre un antiguo relato mio (del año 80 y pico), “Nacera, ha nacido de nosotros”, encuentro la cita original en esto del admirado Beckett, “Watt”, del 53. Todavia relevante, diria yo. Sigue el relato, pronto!

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In section 1, Watt replaces Arsene as a servant in Mr. Knott’s house. Arsene give a huge farewell speech that describes his time while in the employment of Mr. Knott. Along with Erskine, who covers the first floor duties, Knott begins working for Mr. Knott  (though, working on the ground floor, he never sees him), preparing a big pot of highly mediated food (87),maintaining the charitable relationship to the famished dog (including keeping other famished dogs in a Kennel),  etc. Most of the text focuses on the paradoxes of knowing–insignificant events trigger arbitrarily terminated series of repetition, such as the 12 ways Watt attempts explain Knott’s alimentary contentment.  “But in the first week Watt’s words had not yet begun to fail him, or Watt’s world to become unspeakable” (85). This looks forward to the next two chapters, but not before an extended description of the Lynch family, which maintains the kennel. They are one…

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Veremos

Esto como puede ser…

 

 

Imposible saberlo, pero asi va siendo la cosa. Ultimamente, sin ningún descuento o remisión, solo el brutal embate de lo cotidiano, el intento de no desangrarse en las garras  del paro. O ceder al olvido y la evasión, las infinitas maneras en que se nos proponga “entretenernos hasta perecer”. Viejas recetas que nunca pasan de moda, peleas individuales y casi alienadas donde tantísimo más de lo que ves está en juego.

Y las ilusiones de la escritura, de la pareja, de los hijos. Eso siempre, y no necesariamente en cuanto virtualidades.

Pero eso lo vemos otro dia… Ahora es preciso arremangarse y laborar, de una u otra forma.

 

De los hormigueos (un texto del año 83, Sevilla-Málaga).

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Estación de trenes de Archidona,finales de septiembre del 83.

Fernando y Julián aguardan el transporte que les lleve a Málaga, hasta la promesa incierta de Yedra

Tu, Julián Barcojo, mi hermano, sentado a mi vera en este banco, repasas una y otra vez las frases recién escritas que no has ocultado, como tantas otras veces, a mi vista. Pero otra cosa ocultas, esta hemorragia que no cede ante los sustantivos que quisieran nombrarla, que escupe sobre los adverbios que se le acercan, que ríe delante de cada uno de los tiempos del verbo en que uno quisiera verla presa, que no te deja, y que va segregando una vasta pus adonde ya no sabes siquiera como alcanzarla…
-Perderemos el tren de la una y medida para Málaga si no levantas, y adiós a Yedra y a su fulano entonces, vámonos.
-No te agobies. Escucha como suena ahora, Fernando: “Madre, tu hijo agoniza esquina tras esquina como si fuera la suma de todos los deterioros habidos y por haber, y tú duermes tu sueño de olvido, madre, me estoy muriendo mientras roncas y yazco sin poder expirar, obstinado en no perderme ni en tu recuerdo ni en tu consuelo ni en tu odio, madre que ni siquiera sabes cómo ayudarme a morir.”
– Julián, de una puñetera vez.
-“…Y apenas se sabe como acallar el susurro imperativo con que la columna vertebral va levantado ecos de las pasadas vigilias. De malas posturas en peores lugares. La espalda resquebrajada como en monedas doloridas siempre pagando por todo aquello en que nos arriesgamos, que queremos y que perdemos. Que destino de billetes arrugados.”
-Desde luego que lo perdimos, despídete de Málaga y de la parejita, sí.

Las columnas y los alquitrabes, las arcadas del Mercado del Arenal en Sevilla, en pleno Mundial del 82. Fernado aguardaba una venida imposible mientras anochece. Sabíendo que al final tendría que confesárlo. Afuera anochece. Adentro no me atrevo a mirar. Por el estruendo de televisores emitiendo el partido desde nosecuantos pisos y bares adyacentes, escuché que Rusia terminó derrotada ante Brasil tras ir ganando durante 5/6 tramos del partido. Imaginé a Dassaev escudriñando el estadio como quien interroga las mareas podridas del naufragio, es tanto el desconsuelo.

Ocurrió en un estadio Sánchez Pizjuán enemigo… Ante los micrófonos Dassaev pudo balbucear, o eran las revueltas de mi cerebro, que “Fuimos derrotados en el cuarto de hora final. Yo, el agrimensor intratable de los diecisiete metros y medio por cuarenta del área de castigo, viéndome humillado por lo imposible, nadie puede combinar la pelota, amagarme y luego sentenciarnos de esta manera, lo que acaban de hacernos sobre el campo debió ser siempre de otra manera, aunque haya sido, yo que … Estúpida manía circular , y lo sabes. Sé que no cometí errores, que no existió balón sobre esta zona que no fuera mío, intención que no adivinara o posibilidad de gol que no haya detectado… Cómo entonces…“ Vueltas, vueltas, vueltas…

Si es que así lo he de contar , Fernando iba agotando todos los gestos de la espera en este tiempo, sabiéndola lejana, cierta e irreparable, ella, la desgracia, fantasmas silueteados contra el muro. Vine demorándome desde el Archivo de Indias, temiendo la cita mientras una serie de calles desdentadas y entrando ocasionalmente a beber una cerveza ojalá hielo en alguna barra por las cercanías del Mercado. Los ventiladores proclamando su inutilidad desgastándose por el calor. Imágenes en la pantalla poblando la estancia, sentenciando como jueces lo que quiera que fuera pasando en el bar. Brasil va perdiendo con Rusia para los mundiales.
Baste con decirlo: una y otra vez cuelgan balones sobre el área pero alguien bajo los palos no permite resquicio a la incertidumbre. Todo para él. Brota del receptor algún comentario cauteloso, admirativo, luego prodigado a este lado de la pantalla. La agresividad del tipo elástico, de musculatura contenida y evidente, de ademanes exactos, las calzonas demasiado largas, el gesto demasiado serio. Como un haz fatídico bajo los travesaños, de donde venga la comparación , no hay otro dueño en los metros finales…
¿Vendrá ella esta vez? Ese tipo bajo los palos era como.

La telaraña ha cedido, inútil pressing, les bastan un par de jugadas exactamente vertiginosas. La táctica revela su estruendosa inutilidad ante los caprichos del juego, Sócrates violando el travesaño en el principio del fin, Eder burlando el empate, la pelota prestidigitada, ironía de los objetos imposibles improbables incluso, mas allá de nosotros pese a nosotros, azar que no perdona raciocinios, dos puñetazos en la mesa y terminó la discusión. ¿Y para esto la hora y media de agonía? No pido piedad ante los estragos, sólo que las gradas enmudecieran de repente y sin fecha, pero yo he empezado a morir, lo intuyo, enmedio de este circo romano indefectible, yo que no lo se.

Fernando escapa hacia su cuna de angustia sin dobleces ni llantos, adonde todo es exilio, escupe las cáscaras de las recién compradas pipas pretendiendo blancos en las losetas, siempre forzar la vieja ley de las probabilidades. Resoplan los autobuses. Espartinas, El Viso, La Algaba, doblando tras la esquina de su vista inerte, atenta con un excluyente objetivo. El capitel simulado de una columna sostiene su peso, las pupilas que trazan la horizontal de su rostro hacia la desgana, tampoco viene en este. Esta mujer no llega a enfermedad, se trata nada mas que del manido placer del desahucio. Ese salivazo sí dio en su blanco. Ya han pasado dos de Gines, inútiles. Ella no vendrá, sea cual sea la hora que esté dejando de ser. Una llama sorda extendiéndose por mi espalda y mis nalgas hacia cualquier agujero negro no exactamente de mi memoria, la cara me escuece, la inconfortabilidad de Murphy, jodida postura. Ese Dassaev hierático.

“-Por ahora, nuestra única preocupación es participar en este campeonato del mundo. Se trata de una gran fiesta del fútbol y nuestro único deseo es jugar lo mejor posible.”, gracias Beskov que nos diriges, la paz sea contigo y tu conciencia, se te vaya a caer un sarcasmo…

Ahí afuera nos están pidiendo los restos, esa multitud que es la cifra y el espejo multiplicador de tanto canibalismo cotidiano, ya sabes que me han puesto “El hueso”. “Pero es sólo la fiesta”, no van a dejar de nosotros ni el suspiro, en realidad no es Brasil quien ha marcado, trata de adivinar quién es el Judas Iscariote que me haya vendido y ahora que la paz sea con él, los nervios me crucifican, pienso en rojas hormigas despedazando el tótem…

Fernando descifra ese vello cochambroso e irregular que ya no es él sin tampoco dejar de acompañarlo, distraído en el juego caprichoso a que sus dedos someten la irreal barba, ja. Esta niña que espero y es como el discurrir de un mar de antenas contra mis facciones, el asalto interminable de figuras muertas que únicamente mi imaginación anima, sí, todo harapos. La crepitación del vello sobre la piel, la lentitud infinita del atardecer contra el mercado, contra mi espera, tan hermosamente ¿quién robará un día este adjetivo? , fundidaiendose.

Imagina que esos dos goles, y ahora se dé cuenta, acaben de mostrarle la vuelta de la trama, la corrosión del cronómetro y de los marcadores sin piedad posible. Tendrá que olvidar los tantos o resignarse a. Y el ulular del público, esa película sin sonido donde las muecas de los protagonistas me dejen irte hacia algún lugar inarticulable, gélido, irreal a fuer de cercano. Instante helado en que uno comprende lo que hay al otro lado del tenedor.
Estar ahora detrás del miedo.

Pero la adjetivación de Dassaev no es gratuita. Resulta vertiginoso ver como todos los delanteros acaban en castración los tres palos que Dassaev conjura. Estar frente al miedo, sin el miedo, desde el miedo, hasta luego.
No han vuelto a perder ni un sólo partido. No hay nada mas allá del dibujo del balón, se critica la inhumanidad que aparento, esos gestos que delimitan mi largo hueso, quizá yo.

-No, que va, no tengo fuego…
Dicho con lástima fingida, al fin alguien, estoy echando de menos el cigarrillo que un viejo acaba de esgrimir frente a mis ojos, las cenizas contra el suelo, el crujir sordo del tacón del zapato contra la colilla condenada, luego esparcirlo todo deleitándome en la disgregación final. Hubiera o hubiese sido.

Pero el hueso soporta un proceso de calcinación interno que lo va liquidando sin prisas ni respiros. La capacidad del ritual de sus gestos es como el penúltimo reborde, los flancos de una grieta que la agresividad de la piel exacta musculada elástica apenas descubre. El postrer disfraz de la aniquilación.
No me quede más antes de que ella no venga.

Apenas aparecen en la final, se ve raptado de sí mismo por la concentración de micrófonos y de cámaras sobre su persona, perdida de cualquier manera de la objetivación, todo lo va percibiendo como enmedio de una bruma, la neblina que aquella histeria masiva brinda sobre sus pasos, yo no soy ningún tótem y apenas el mío propio, cómo el de nadie, dejadme ir bajo mis palos, pisar el territorio fatal donde sé de mi por culpa de mi infranqueabilidad, dejadme jugar, dejadme intacto dentro de mi círculo de acciones en el área… Pero no, aguardad, venid aquí, quien me devolverá mañana las muecas de mi eterno reino momentáneo, que turbamulta imposible, estoy enterrado vivo bajo las gradas, untado de la savia del cactus, y ya suena el silbato, inicia gestos de relajamiento, buen provecho marabunta, que Dassaev te sea leve…

Imaginar a Dassaev columna hierática clavándoseme entre la espalda y las nalgas, zona abierta a la especulación, escudriñado el estadio como quien interroga las mareas podridas del naufragio, es tanto el desconsuelo. Tanto tiempo aguardando qué.

Devorado por esta sensación de peregrinaje emocional repetido hasta, recordar Conil yéndose desde el exacto lugar donde el dolor le corrompe hacia otro lugar, algún otro lugar a la deriva. Un madero batido por oleajes en pleamar nocturna, contra la orilla, contra altamar, justo en nuncamar.
Tal vez sea todo un ejercicio de narcisismo sin excusas, una suerte de Ars Masturbandi. Ella no vendrá, no importa ni importa que se mienta, deseándola allí bajo las columnatas diseminadas frente a paredes desnudas hasta de analogías, emperrándose en el recuerdo de su piel aún ignota. Dos autobuses consecutivos desde Gines, perdiéndose en la curva. No se levanta.

El balón vino, como siempre, por donde menos se lo espera. Se le mira en ausencia de uno, al otro lado de la portería. Esta vez si pasó. No levantarme. Pero el tiempo apremia, el resto del equipo le mira atónito, sí, fue gol, pero qué coño hace aún en el suelo, mi reino por una respuesta. Ellos no saben de la corriente nerviosa que un exceso de adrenalina empuja contra los ramajes del cerebro, de la mordedura bajo los pulmones, de la densidad de miembros hechos cáscaras, y tampoco yo lo sé, claro que me levanto, qué clase de guión es éste, saberme debatiendo en una encrucijada que llega a mis postrimerías. Acaso ellos y yo sepamos…

Las siento indetenidas por las arrugas, bajo los pómulos, encharcándome el paladar, cercando los ojos, conjurando con el vértigo a cerrarlos, tantas horas, no va a venir, no puedo cerrarlos, no puedo irme, no puedo siquiera reconocer esto sin tentarme al estrago… Jeroglíficos de la espera.

La conspiración extendida: Brasil dando la vuelta al partido, quién está gritándole a los defensas que no dejen la zona izquierda vacía tan a menudo, quién transpira bajo los guantes, adelanto del infierno, a quién dirijo estos pensamientos acelerándose mientras chocan los cuerpos frente al área y yo vuelo en pos de otro trallazo, qué tipo de pacto de no agresión hay entre los huesos y el césped, qué sé yo.

Recordarme en Conil, buscándola infructuosamente. Interrogando rostros inanes, fatigando las suelas de los pies entre la playa en ebullición, condenado agosto, inútil explorador de una cartografía terriblemente solitaria, para encontrarla en la plaza mayor del pueblo , justo antes de abandonar aquello , y saber, por un momento infinito, que ella no existe y es el camino y nada mas, pero que tampoco yo, y que no nos queda. tiempo para investigar esa intersección , porque soy estúpido y he de irme en este preciso autocar, y ahora lamentarme por ello, y he preferido la cobardía de imaginarla a la de quererla. No volver sobre ese temido negocio que no fue mutuo, quizá por ella.

La humedad enorme del óxido calándome todas las vértebras, no quiero ni decirlo. El contacto gélido, leve sobre el hombro. Fernando sentado en los rebordes , gira el rostro con una parsimonia mal calculada, ella está ahora aquí, quién dijo nada de disculpas.

Ellos que acabaron llevándose la copa. Helada bajo tantas capas de sudor como hicieron falta para ascender estas gradas. El despilfarro, la hemorragia de tantos sonidos. Al subir a su encuentro, descenso hacia el palco real, un hilillo nunca se sabrá si vomitado ni la causa teñido de rojo. Hipótesis hagan juego. Sin incidencias. Sonríe sin rastros demasiado evidentes de ironía al contacto con el premio. No pormenorizaré las acciones de múltiples espectadores ni los comentarios que sugiere esa subida. La abandona a sus compañeros.

Date por crucificado. Fernando la mira como desde el siglo, desde los acantilados de alguna memoria, como se miraría a una puerta cayéndose a pedazos. Carcoma y hormigas, recorridos sanguinolentos, levemente siniestros.

Se marcha a los vestuarios prematuramente. Aún afuera el griterío. Dentro la frente reclinada en los azulejos, cerrar los ojos al final, acabar aquí, tan larga partida.

Recordarme en Conil en otra época, la huella de otra mujer, subiendo al pueblo en la madrugada, entre tinieblas los bordes de la playa, larga noche de insomnio y de frío en una cabaña de pescadores , descubriendo a las primeras desveladuras del amanecer, temblando por todos los vientos de fuera y de dentro, algún atisbo de futuro, la promesa cínica de otra historia, para no acabar. Una copa de coñac al alba.

Contacto gélido de la frente contra las paredes, de la columna del mercado contra su columna vertebral, sorda agonía, de las curvadas franjas salientes del oxidado suelo del camión de la otra noche contra la espalda. Quisiera saber qué es esto que justo ahora empieza a humedecerme con mil tropismos sordos en el hombro, quién, quién ha llegado hasta aquí.
No vas a decírmelo.

-Tendremos que bajar al pueblo a buscarnos otro sitio para el resto de la noche, Fernando, este camión encallado nos va a helar.
Fernando gira el rostro con parsimonia mal calculada, ella está ahora aquí. ¿Y ahora qué? Descenderemos a una Archidona aún no amanecida justo en diagonal sobre el plano de la madrugada. Tomaremos un café caliente con churros o una copa de coñac cuando abran. Jodida noche.

Estación de trenes de Málaga. Fernando Barcojo y su hermano han perdido el tren para Archidona. Ya no encontrarán a Julián ni a Yedra. Tomar el próximo tren para no acabar. Como aquella vez, para no acabar.
–.

Un saludo para Espen desde algún otro milenio. (Tras la velada en Casa 27, el 11 de septiembre del 2015).

No voy a decirte que siempre ocurra, porque sería alimentar las falsedades que nos aburren desde hace décadas.

En su lugar, alabemos la torturada honestidad (de los ojos de Giordano consumiéndose en la hoguera). La que procuramos vanamente que nos configure, la perseguida tras tus interminables jornadas de taller frente a ventanales industriales… que a veces te dejan arrancarles enigmáticos cielos de pronto desprotegidos. Para mostrárnoslos en tus oleos.

No voy a decirte que siempre ocurra, pero si algunas veces.

Niobe, Gretchen y la Gioconda punkera y las demas acechantes siluetas apenas si te dejan arrastrarlas desde las penumbras de donde las conjuras. Se niegan a salir de su reinado de tinieblas.

Aunque a veces sí. Y las enredas en un vertiginoso palimsesto de ademanes y paisajes serpenteantes entre las paredes y rincones de aquella Casa 27 de la que alguien nos abrió la puerta permitiéndonos asomarnos. Breve, a veces truculentamente.

Del otro lado del diluvio de imágenes mediático y cotidiano, el que nos vendan y el que cada vez más nos venimos vendiendo a nosotros mismos. Alli se perfila una silueta bajo la lluvia. Lo vemos encorvado de siglos y de cargas, pero traviesamente disfrutando con las trampas de su inabarcable memoria. Cual paciente medieval artesano  o puntilloso escriba de códices que los bárbaros no perdonarán.  Pero con la astucia de la estirpe de rinconetes y cortadillos de la que algunos descienden, va dejándose poco a poco, sin que casi lo notemos, los pinceles y la vista en los tantos años de su jurado amor eterno a los interminables, restos, del naufragio.

Este desfile oleaginoso es el que va desmembrando a dentelladas pictóricas que luego ofrece enmarcadas, seductoramente. Pero siempre con la honestidad de los mismos personajes presentados a quienes ventrilocua, que se niegan a ser insistentes como vacuos.

Llevan siglos arrastrando sus paisajes como Sisifos aquellas rocas, y saben que jamás serán perdonados. Se atreven a interpelarnos con mesura las más veces, truculencia las otras. Pero es que siempre la esterilidad los persigue en sus trasfondos oceánicamente desiertos, en las habitaciones de paso donde quedaron eternamente anclados. Lo que nos susurran hace ya tiempo nos lo vienen repitiendo… “Despierte el alma dormida y recuerde como a nuestro parecer cualquier tiempo pasado…” Para súbitos interrumpirse y guiñarnos, sarcasticos como desafiantes, seductores como indiferentes, de nuevo sabiéndose arrastrados por el rio del tiempo que a todos nos lleva.

Pero es cierto que a veces ocurre.

Y sabes cómo ofrecernos la ribera propicia donde verlo discurrir, querido artesano y amigo, Espen H (colega de diluvios  y de hechiceras, maestro de cierto relámpago).

Portfolio: World Cities Cultural Forum

Un libro al día: Martin Amis: Campos de Londres

http://unlibroaldia.blogspot.no/2009/09/martin-amis-campos-de-londres.html?m=1

And then…A greeting to Espen from another millennium. (After the evening at Casa 27, September 11, 2015).

I will not tell you that it always happens, because it would feed the same falsehoods that bore us for decades.

Instead, we praise the honesty when tortured (Giordano’s eyes consumed by fire). The rectitude that we wish it could shaped us, often vainly, but you relentlessly chase in the course of your long studio days against industrial windows … From which you sometimes manage to draw unsheltered skies suddenly rendered as vulnerable. Showing and reflectin us in your oils, the same birds under endless storms.

I will not tell you that it always happens, but oftentimes.

Niobe, Gretchen and the punkish Gioconda and other lurking silhouettes barely let you drag them from the shadows from where you summon them. They refuse to leave their reign of darkness.

But certainly this time you have ensnared them in a dizzying palimpsest of gestures and winding landscapes between the corners and walls of that Casa 27, where someone opened the door allowing us to peek in. Briefly, sometimes gruesomely.

Across the flood of media and everyday images that they keep on selling us, and that we continue selling to ourselves. A silhouette outlined in the rain. We see him hunched over by the weight of centuries and burdens. Or perhaps mischievously enjoying the trappings of his boundless memory. Like a patient craftsman from the Middle Ages or halfforgotten but insurgent scribe that the barbarians will not forgive. With the same cunning of the “cortadillo y rinconete”’s descendants, letting his life and sight diminish little by little, almost without noticing, in the exquisite brushes that testify the many years of his sworn eternal love of these endless remains of the shipwreck.

The oily parade he keeps dismembering with bites framed in the seductive paintings he offers us. Always unvarnished in their oddness these characters he presents us like a ventriloquist, bespeaking of a refusal to be insistent as vacuous.

Forever they’ve been dragging their barren landscapes as the mercilessly chained Sisyphus does, and they know that they will never be forgiven. Daring or challenging us, restrained mostly but occasionally truculent. We acknowledge it by the way sterility hunts them down through devastated backgrounds, in the temporary rooms were they become eternally anchored.

What they whisper they ‘ve been saying for a long time now… “Awake your sleeping soul and remember that any bygone time soaring over us we must consider …/ Despierte el alma dormida y recuerde” .  Then breaking off with malicious twinkle, perhaps sarcastic, perhaps challenging,   seductive or indifferent. Suddenly aware of being dragged again by the river of time that leads us all further.

 

Speaking the truth, sometimes occurs,

And when revelation unveils, often it will find you there in your sentry post indicating us the glimpse down the river. Dear virtuoso  and friend, Espen H (brother in search of floods and witches, a true master of lightning).

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